La antropología social permite reconstruir la lógica que involucra a una población presente, en la ciudad, nuestro calibrado sentido común y el convivir con ello en el día a día nos hace apreciar ese "folklore urbano", lo que a veces nos parece cursi y hasta gracioso, sumado al egocentrismo desbordante en "redes sociales" por el ciberespacio, ese descontrol a lo público, como se usa y para qué fines, todo esto nos refleja la sociopatía de algunos individuos que salen a flote para mostrar en vitrina su narcisismo. No tardará en aparecer por ahí lo que denomino "el arribismo doloso en agravio de los compañeros", es decir el acto o maniobra tendenciosa de figuración, conducta propia de individuos egocéntricos y súper extrovertidos.
Éstos sociópatas (hombre o mujer) tienen por exclusividad exhibir y sobrevalorar sus propias cualidades, aún cuando estas no correspondan a un grado de real importancia y terminen siendo hechos intrascendentes y triviales o cuestiones meramente aspiracionales, pero aún así, utilizándolo en desmedro del círculo, red social o entorno más cercano, ellos no lo notan, están cegados por la soberbia.
Aunque no pretendo ser mezquino con los que de manera prudente y como quien no quiere, y casi forzados a nuestro interrogatorio, tenemos que sacarles de a pocos sus triunfos y virtudes, logros que parecieran quedar en el olvido, hombres sensatos de temperamento ecuánime y de mujeres sencillas dignas de todo aprecio y admiración.
09 de mayo del 2009
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