Es que una mujer herida, por despecho, rencor, celo (en la acepción de tristeza o pesar por el bien ajeno) o antipatía podrá acusar de lo inacusable.
Ejemplo:
"¡...Es un tacaño..., me puso mala cara...!,
"¡...Con su cara de no sé qué que pone no...!,
"¡...Qué es así, que es asá...!",
"¡...Qué es esto, que es lo otro...!"
"¡...Qué por aquí, que por allá...!,
"¡...Qué se ha creído ese mequetrefe...!"
"¡...Una cachetada le doy...!"
"¿...Quién es él, que cosa es...?,
"¡...Que lisura, nooo...!"
Y puro bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, bla, ...etc. Es decir el odio ya no es tanto al hecho mismo, sino hacia la persona, es algo personal. Con las viejas chismosas nunca se sabe, pueden existir mil cosas buenas, pero ellas, se quedan sólo con lo efímero con lo trivial, y siempre están buscando excusas para justificar sus odios, para ellas todos son malos, todos, menos ellas, será acaso que su capacidad o cordura no les da para más, o será que ese aire viciado, que respiran solo ellas (habladurías, rumores o chismes) comentarios nocivos, las hace delirar.
El estereotipo de "viejas chismosas", que representa la maledicencia, la difamación, la calumnia, la murmuración y la injuria, muy usado en nuestros días, no está en desuso, más bien se ha diversificado, ampliando su alcance a un gran grupo social, comunidades, congregaciones, etc. permitiendo que cada vez más se involucren personas de todo tipo, edad y condición, colgándose inmediatamente de temas intrascendentes al no encontrar falta grave o grandes delitos, siendo muy frecuente como de costumbre en "mujeres mayores", "señoras jóvenes", incluso en "adolescentes", es decir el comadreo perfecto de tres generaciones, desatando conmoción, tumulto, gresca o asonada, bronca, alboroto o trifulca, con afirmaciones basadas en rumores, sembrando duda e incertidumbre, siendo el ensañamiento o escarnio la "leitmotiv" del asunto, pero les convendrá tenerlo sólo así, en rumores, un diálogo soterrado y esto por tratarse de temas sin importancia, ellas simplemente recurren al chisme porque la gran mayoría de su entorno (es decir mujeres domésticas, amas de casa noveleras) también lo hace, dejandose arrastrar, repitiéndo sin cuestionar algo que les fue dicho, comentado. Por eso hay que tener oídos sordos a todo rumor o comentario negativo, porque la bronca no es contigo.
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Los rumores, esa conversación informal y hasta clandestina, tiende a exagerar los hechos sin más criterio que lo que hay en sus torpes cerebros y dada esta estrechez mental, insisten en repetirlo sucesivamente, colgándose del mismo tema, buscando comprar el afecto, la confianza o la consideración de las desafortunadas personas con las que están acostumbradas a tratar, haciendo lo que según ellas llaman grandes revelaciones o chismes.
Con relación a este punto, se dice que el rostro principal del chisme, es decir hablar mal hacia otra persona, es la mentira, siendo parte importante el infundio y la calumnia, y si a esto le añadimos que cada persona al momento de contárselo a otra le agrega algo más, nos encontramos con monstruosidades que suelen acabar con el honor, dignidad y romanticismo de una persona, porque el chisme y la mentira son modos que muchas veces se utilizan para descalificar a sus rivales.
El chisme, pretende equilibrar la balanza, vale decir, haciendo comentarios en público muy a menudo para perpetuarlos en el tiempo y hacer creer que no son menos a los implicados en estos rumores. Todo esto responde a una cadena de eventos, hechos fabricados con el paso del tiempo "odios sublimados", rencores y antipatías, pudiendo afirmar que las "viejas chismosas" o "viejas rajonas", realmente viejas, bien viejas, "mujeres jóvenes neuróticas" o "adolescentes histéricas", son personas carentes de vida propia que necesitan de estas habladurías para ponerle sentido a sus vidas y al unísono repetir:
- "¡...No seremos las mejores, pero tampoco somos peores que el vecino...!"
Porque de eso se trata, a confesión de parte relevo de pruebas, ya decía yo porqué éstos subgrupos le ponían tanto ímpetu a la fabricación de chismes, contarlos, difundirlos, actuando con perfidia, escarnio, traición e hipocresía y cual arrebato de viejas chismosas o rajonas, vocear deleznables argumentos, enfatizados en ridiculeses que sólo pueden ser ideadas por mentes neuróticas de mujeres histéricas, paranoicas y psicóticas.
En conclusión, es el precio que se tiene que desembolsar cuando por ser originales y extraordinarios, uno no encaja con el perfíl promedio, lo mismo sería ir en contra del sistema o régimen, resultando como en muchos de los casos ridiculizado, "crucificado", entiéndase de esa manera.
Fecha inicial de publicación, 18 de diciembre del 2008
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